jueves, 27 de octubre de 2016

Un poco de historia: El teatro fue el gran impulsor de la industria de la madera en nuestro Siglo de Oro


El comienzo de esta industria queda reflejada en las siguientes actividades: leñadores, carpinteros, carreros y silleros.
En aquel Madrid de próximos y extensos bosques la leña debió de ser una de sus principales riquezas. Sacar leña fuera del término municipal, si no era con licencia especial del Concejo, constituía un delito, que se castigaba con la multa correspondiente y el embargo de la carga. En acta del 30 de septiembre de 1464 el castigo se consignaba en pérd:da de la carreta y multa de 600 maravedises La importancia de los carpinteros, carreteros y silleros no era muy grande, ya que entre todos éstos sumaban tan sólo diez talleres.
La mayor parte de los oficios de la madera comienzan a tener importancia a finales del siglo XVIII, debido, más que a su esmerada elaboración, al aumento del censo industrial.
Además, a consecuencia de considerar los oficios manuales como denigrantes por quienes se tenían por caballeros, han de ser los artesanos extranjeros venidos a la Corte los que en su mayor parte contribuyen a la regeneración de estas industrias. 
En esta época no debían de ser muy felices las realizaciones del mueble en Madrid, debido a ello se hacía notar la competencia, tanto del resto del país como del extanjero, concretamente la ciudad alemana de Nuremberg, célebre entonces por sus armarios, fue una de las que hizo mayores envíos a la Corte española, hasta que, para evitar la competencia, se llegó no sólo a la prohibición de entrada de los mismos en nuestra patria, sino que se decretó su expulsión. Lo que no sabemos es si los ciudadanos que ya tenían algún armario germano en su casa se verían obligados a devolverlos, aunque creemos que no llegaría la cosa a tanto.
En 1621, año de la subida al trono del rey Felipe IV, se inicia la época de mayor grandeza de nuestra poesía dramática, creando una grandísima afición en toda España, concretamente en Madrid, haciendo necesario, para poder representar las obras del Siglo de Oro, la construcción de 'tablados y escenarios, entrando de este modo la industria de la madera 'en un período de gran esplendor.
De esto se deduce que Lope y Calderón fueron, sin proponérselo, los grandes impulsores de esta industria por aquel entonces.
El lujo de que se hace gala durante el siglo XVIII está en consonancia con el gran desarroilo industrial de la ebanistería.
Destacan en este período numerosos mueblistas de la Corte, especializados, por el gusto de la época, en la marquetería y dorado a fuego. Entre los doradores fueron célebres Cristóbal Guío, que trabajó en el Buen Retiro, y Simón Mateo Sánchez, al servicio de la Real Casa.
En las ordenanzas gremiales existía una disposición por la cual los carpinteros no estaban autorizados a trabajar en determinadas maderas. Esto se abolió por real orden de Carlos IV, de 19 de junio de 1799, con motivo de una denuncia hecha por el gremio de ebanistas contra un carpintero, al que acusaban de haber comprado un carro de madera de haya y tejo, cuyo uso le estaba prohibido; mas la Junta de Comercio estimó que convendría, en bien de la libertad de la industria, dar fin a estas restricciones por lo que el Rey resolvió que en 'lo sucesivo, ambos gremios usasen sin distinción la clase de maderas; finas u ordinarias, que les conviniera.
Mediado el siglo XIX existían en Madrid las siguientes industrias afectas a la madera: 16 fábricas de construcciones de coches, 12 de cintas y listonería, 15 ebanistas, 24 constructores de carros, 34 silleros de paja, 98 carpinteros, 28 torneros y cinco toneleros y cuberos.
En 1940, los industriales. sociedades anónimas y empresas individua!es eran 1567. En la actualidad (1954) son 3.481. De ellos, 817 son carpinteros a mano, 604 talleres de carpintería mecánica, y 439 serrerías. Las que faltan se reparten en grupos más pequeños, entre los cuales figura un hormero a mano.

Fuente: Madera y Corcho. Boletín informativo del Sindicato Nacional de la Madera y Corcho, 1954

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