lunes, 13 de mayo de 2024

Los árboles. San Agustín. La ciudad de Dios



San Agustín. La ciudad de Dios

Si fuéramos árboles no podríamos amar cosa alguna con conocimiento sensilivo, pero apeteceriamos todo aquello que nos tornara más feraz y fertil­mente fructuosos. Y, si fueramos piedras, agua, viento, fuego o algo por el estilo, sin sentido y sin vida, no nos faltaria una especie de tendencia a nuestros propios lugares y ordenes.

En los árboles existe algo semejante a los sentidos, el alimentarse y engendrar. Estas y todas las cosas corporales tienen sus causas latentes en la naturaleza, pero brindan a los sentidos sus formas, que hermosean la textura de este mundo visible. Parece como que intentaran compensarse dandose a conocer, por no poder ellas conocer. Es cierto que las conocemos por los sentidos del cuerpo, pero no juzgamos de ellas por los sentidos corporales. El hombre tiene otro sentido interior, muy superior a éste.

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